Historia de Elche

Recorrido por la Historia de la ciudad Ilicitana

El Cid Campeador en Elche

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El Cid Campeador también estuvo en Elche, en el siglo XI -año 1089-. Cuando García Jiménez se ve asedidado por Yusuf en el castillo de Aledo, envía a pedir socorro al Rey Alfonso VI, quien a su vez avisa a Rodrigo Díaz de Vivar para que aporte su ayuda y experiencia, emplazándole en Villena. El Cid, que estaba en Requena, se puso en camino, con el temor de verse privado del mínimo imprescindible si acampaba en los pelados campos villenenses. De este modo, decidió situarse en el término de Onteniente; envió unos hombres vigías a Chinchilla para que le avisaran conado avistasen al Rey, quien aconsejado por sus nobles y, aparentemente con buena fe, cambian el recorrido para llegar cuanto antes a prestar ayuda, pero en vez de bajar por tierras alicantinas, van directamente por Hellín y Calasparra, hasta Molina de Seguura y de allí a Aledo.

Los muslines de Yusuf, al enerarse de la ayuda de alimentos que recibían los sitiados desde Murcia y, desconfiando de sus aliados -o bien enterados de la llegada del ejércigo castallano-, levantan el campo y desde Almería se embarcan para África por segunda vez.

El Cid llegó a Aledo y el Rey había partido de regreso, por lo que, con gran disgusto, paró en Elche. Allí permitió que volvieran a sus casas varios de los caballeros que le acompañaban. Como sus enemigos no perdían ocasión para desprestigiar al Cid, acusándole del retraso a propósito para que murieran a manos de los moros, el Rey, que poco necesitaba para irritarse y recelar de su vasallo, ordenó que se le privase de sus castillos, villas y honores, en lo que a su patrimonio se refiere, y que encarcelaran a su mujer y tres hijos -dos niñas y un niño-.

El Cid Campeador - Rodrigo Díaz de Vivar

Dada la injusticia cometida, Rodrigo envió un mensaje al Rey a través de uno de sus más leales caballeros. Le rogaba que dejara al acusado excusarse de las imputaciones de sus enemigos por medio de un combate Judicial ante la Corte, lidiando él mismo a un caballero de los suyos. El Cid siguió esperando en Elche, donde pasó la Navida de aquel año, 1089. Al conocer que su proposición no fue bien acogida por el Rey, intentó justificar y jurar su exculpación redactándola por escrito, lo cual hizo de varias formas distintas, ya que se trataba de una persona muy culta y avezada en Derecho. Dado que el Rey se negaba siquiera a contestar, El Cid Campeador volvió a la lucha por su cuenta.

De este modo, partió desde Elche hacia Denia, donde se hallaba su antiguo enemigo Alhayib de Lérida, derotándolo y repartiendo el botín entre sus hombres. Poco después de la Pascua de resurreción, los mensajeros del Emir llegaron para concertar la paz y acabar con tanto sufrimiento. Es entonces cuando regresó a Vlencia, no sin dejar dicho:

No quedó piedra inhiesta, ni señal de pueblo alguno.

Según Ben Alcama

Lo que estaba claro es que en esta zona habitaban en paz las dos comunidades -cristianos y musulmanes-, de lo contrario, El Cid hubiera puesto «orden». Y así fue después de su marcha, cuando tras el Pacto de Alcaraz, son los cristianos los que rigen los destinos, pues siguen viviendo en el mismo sitio respetándose las costumbres y creencias recíprocamente.

Contexto Histórico

Para entender esta parte de la Historia, hemos de situarnos en una fase de constante inestabilidad política, ya que tras 500 años llega a su punto culminante entre los mismos almohades, que con tal de conseguir puestos preminentes, no reparan en llevar a cabo las más viles traiciones, intrigas y muertes para separar al que les molestaba en la ejecución de sus planes. Un ejemplo: El territorio de Tudmir perteneció a Murcia; Abu Baqr ibn Jattab fue proclamado Emir; pasado un año le sustituyó Ibn Hud, que era soldado profesional y, conociendo la situación anárquica en la que se encontraban sumergidas estas tierras después del hundimiento del imperio árabe y la debilidad de los poderes locales, vio la posibilidad de ser líder de un movimiento restaurador de la independencia de Al-Andalus. En julio de 1228 se proclamó Emir de Ricote. En agosto del mismo año, tras vencer a las fuerzas llegadas desde Valencia y Murcia, simuló someterse al Emir de esta capital, aunque una vez dentro de la Ciudad con sus soldados, de acuerdo con el cadí local, lo depuso y mandó a la cárcel. A Ibn Hud lo apuñalaron mientras estaba con su amante, por orden de Al Walí.

De su territorio se apoderaron: Ibn Alhamar al Nasr, la Andalucía penibética; parte de Murcia Zayyan de Valencia. Desde Orihuela hasta Alicante y Villena y parte del Norte lo retuvieron los herederos de Ibn Hud.

Precisamente su hijo Abu Baqr al Watig hereda el trono, quien junto a su tío, intentan salir adelante rigiendo los destinos de Murcia, pero se organiza una insurrección dirigida por el Alfaquí Ibn Jattab, quien depone al joven príncipe e intenta enderezar el malparado reino por la fuerza, entendiendo que un triunfo sobre los cristianos le afirmaría en el poder y recibiría la adhesión de sus súdbitos; pero ocurrió todo lo contrario, ya que vencido en el campo de batalla en abril de 1239, sus propios hombres le asesinaron.

Después de tantos reveses, los murcianos van en busca de un rey que había gobernado en Valencia, Ibn Zayyan Mardanix, sobrino de Ibn Hud, el cual se amparó bajo la soberanía del Emir de Túnez, y a pesar de ganar el E. de Al-Andalus, y desde Lorca y Cartagena hasta Játiva y Alcira, surgen focos de inconformismo: Unos por haber supeditado el territorio a la soberanía tunecina; otros le acusaban de intruso; el alcaide de Lorca, Ibn Aslí se levanta contra él y pronto domina la tercera parte del reino, desde el S. de la capital Mula y Cartagena incluidas. En el Norte, otro sobrino de Ibn Hud y, por tanto, familiar del Emir, se rebela, no acatando sus órdenes y organizando una especie de república en Orihuela.

Ante la situación planteada, el concejo de Murcia decide nombrar Emir a un hermano de Ibn Hud, Muhammad Ibn Hud el Chudamí, conocido por «Aben Hudiel», quien a pesar de su avanzada edad logró someter a Orihuela y recibir acatamiento incluso de los Ildj.

No ocurrió lo mismo con Lorca, Cartagena o Mula. Ante este panorama, con los granadinos y castellanos presionando y los aragoneses avanzando y conquistando el Sur, Mohamed Ben Alhamar, ayudado por Fernando III «El Santo», se proclama Emir de Granada y propone que ambos ejércitos se lancen a destruirles. Antes de estar supeditados a Mohamed el de Arjona, decide pactar con el Rey de Castilla. Desplazó mensajeros a Burgos con poderes para entregar su reino al monarca castellano. Al llegar a Toledo se encuentran con el Príncipe Alfonso, quien más tarde sería conocido como el Rey Sabio, que al frente de sus ejércitos iba a partir hacia el Sur prosiguiendo la reconquista que Castellanos y Aragoneses habían propuesto.

El príncipe, ante la inesperada circunstancia que se había planteado, consulta a su padre alterando la ruta del Sur por la del Sureste.

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