Historia de Elche

Recorrido por la Historia de la ciudad Ilicitana

Historia de Elche: Edad Media

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Edad Media

Durante la segunda mitad del siglo III, los bárbaros del Norte amenazaban seriamente las fronteras del Imperio Romano, lo que obligó al Emperador Marco Aurelio a concederles algunas prebendas y ventajas.

Teodosio consiguió mantener a raya a estos bárbaros y, después de su muerte, sus dos hijos, Arcadio en Oriente y Honorio en occidente -lo que incluye España- pudieron seguir la misión de su padre y retener a los invasores. Esto fue debido en gran medida a los esfuerzos de Estilicón, ministro de Honorio, que venció a Alarico -líder de los bárbaros- en Pollentia y a Radagais en Florencia, lo que les obligó a regresar a Iliria.

A la muerte de Estilicón, en el año 408 D.C. hace que los visigodos invadan Italia y saquearan Roma. Cuando muere Alarico y le sucede Ataúlfo, negocia con Honorio, quien le concede la mano de su hija Gala Placidia y el gobierno de la Galia meridional -Sur de Francia- y parte de España. Ataúlfo fijó su residencia en Barcino -hoy Barcelona- en el año 414 D.C. Se le consideró el primer rey godo de España.

Los germanos -alanos, vándalos, suevos y demás- invadieron la península hispánica en el año 409 D.C., ocupando los primeros Lusitania -Portugal-, los segundos la Bética -Andalucia- y los suevos la Gallecia -Galicia-. Después de varias guerras fueron los visigodos los que predominaron y sus reyes quienes constituyen la genealogía de los monarcas de la época. Atanagildo, el undécimo rey, llamó a los bizantinos -Bizancio-, quienes acudieron y cimentaron su reinado en España en el año 554 D.C., eligiendo el primero a Toledo como capital.

En pago a los servicios prestados, Atanagildo premió a los bizantinos buena parte del territorio de la península española, desde Gibraltar hasta Valencia.

Illici pasó entonces a poder de los nuevos dominantes, quienes tuvieron autoridad sobre ella hasta los tiempos de Suintila, en el año 625 D.C., cuando el poder de Bizancio tocó a su fin. Durante todo ese período de dominio bizantino, los obispos ilicitanos tuvieron que acudir a los Concilios de Oriente, al Calcedonense, en los tiempos del Papa León el Magno, en el año 451 D.C., también durante el papado de Vigilio, año 553 D.C., concilio que se llamó 2º de Constantinopla.

Cuando los Bizantinos desparecieron de la esfera de poder, los Obispos ilicitanos fueron llamados a Concilios españoles, donde sí hay constancia de ello, ya que firmaron las actas de estos.

Hacemos mención a esta parte de la historia porque la religión ya gozaba de importancia y extremo poder en las sociedades. A raíz del nacimiento de la nueva doctrina es cuando apareció la ciudad de Elche tal y como casi la conocemos. Entonces se dividía en dos, Illici, ya decadente por el desgaste de sus organismos político-sociales, y É Illicias -que significa de Illici-, que así se llamó en el período cristiano. Cobijada por grandes palmerales y elevando su modesta Catedral. Allí se empezaron a fertilizar los campos al calor del Río Vinalopó.

Llegada de los Árabes

La llegada de los árabes -o moros- a España tuvo lugar en el año 711 D.C., en que fueron llamados por Achila, príncipe godo e hijo del último rey de España, Witiza. Un noble godo, D. Rodrigo, se apoderó del trono y Achila acudió en busca de ayuda a África, donde gobernaba un tribuno sirio para Bizancio llamado D. Julián, que acogió con agrado al príncipe y le presentó a Muza, gobernador de los territorios musulmanes.

Muza informó a su Califa de la situación y entonces se dieron las órdenes oportunas para que se apoyara la justa pretensión de Achila. En consecuencia tuvo lugar la invasión de la península por parte de los árabes.

Bajo el dominio musulmán, Illici se establece en el lugar en que está actualmente, en una zona denominada Vila Murada. Al tratarse de una época de fuerte desarrollo agrícola, los árabes acometen el proyecto de dotar de un complejo sistema de regadío a la ciudad, donde cada parcela estaba delimitada por palmeras y, a su vez, donde se ubicaban los cultivos. De ahí provienen los nombres tan comunes que se dan a algunos barrios de Elche, muchos de ellos como “huertos”.

La ciudad, pues, cambió mucho con la llegada de los árabes, pues tenían costumbres totalmente contrapuestas a los cristianos. La población árabe disponía de 1,500 casas, siendo un gran número de ellas de ricos y potentados. El gobierno recaía en manos de un tribunal llamado Aljama y tenían su consejo en la mezquita principal, cuyo edificio se situaba donde hoy está la Basílica de Santa María.

Tenían, asimismo, dos establecimientos para baños públicos, uno dentro del convento de monjas y el otro donde hoy se ubica la calle La Troneta, 14. Como los árabes eran muy dados a la agricultura, esta fue la principal ocupación después de la guerra. Esto llevó a que el término de Elche fuera enormemente rico, pues les permitía cosechar una ingente cantidad de aceitunas, con las cuales fabricaban un aceite muy rico, abundante cebada, además de las cosechas de granadas, dátiles, almendras y el gusano de seda que importaron.

Baños Árabes Elche

En el interior de los huertos dispusieron extensos algodoneros, lo que les permitía tener fábricas de tejidos de algodón, amén de otras industrias muy lucrativas.

En el campo de Elche se ubicaban más de 300 aljibes, obra de los árabes.

Los árabes tuvieron también una importante vida social, con celebridades incluidas. Issach ben Mohamad Alabdirita, poeta de gran reputación que vivió en el año 913 D.C. Mohamed ben Abdelrahman Aljibi, del Cabo del Aljibe, cerca de Santa Pola, fue un escritor e historiador muy notable y autor de Los Anales de España, obra muy extensa, además de una Historia de los varones que habían florecido en España.

En cuanto a los jueces árabes, destacó uno por encima del resto, Abú Abdalla Mohamad ben Heschan, tan justo y sabio que recibió honores por parte de su rey.

Reconquista Cristiana y Expulsión de los Moros

Gobernaba los destinos de Castilla Fernando III, cuyos méritos le valieron el epíteto de Santo. En el Reino aragonés lideraba Jaime I el Conquistador. Los dos reyes habían establecido, después de muchas diferencias, marchar a la reconquista de España y expulsar a los infieles, con lo que Castilla ocuparía el territorio comprendido entre los ríos Segura y Vinalopó y, Aragón, desde el Vinalopó hasta el Júcar.

El rey musulmán de Murcia, Aben Hudiel, a cuyo reino pertenecía Elche, no había querido reconocer como rey de Granada a Mohamad Ibn Hud, el de Arjona, que llegó a coronarse con el apoyo del rey de Castilla. Antes de esperar el castigo por su rebelión, los murcianos dispusieron unos mensajeros con los poderes oportunos para entregar la ciudad de Murcia y su reino al rey de Castilla, Fernando III, que en aquellos momentos se encontraba en Burgos. Se vio con los embajadores murcianos en Toledo el príncipe Alfonso, hijo de Fernando III, que se dirigía con un ejército hacia la frontera, pero finalmente tomó posesión de la ciudad y de su reino, en nombre de su padre. Era el año 1243.

En el acuerdo de entrega del reino, Fernando III y el rey musulmán de Murcia disfrutarían a medias de las rentas de dicho reino de Murcia, amén de que el moro sería vasallo del rey castellano. Dicho acuerdo lo firmaron los alcaides de Elche, Alicante, Orihuela, Alhama, Aledo, Cieza y Chinchilla.

Así pues, Elche fue ocupado por los cristianos sin derramamiento de sangre, pero con mucho rencor por parte de los moros. De ahí derivan nuestras fiestas de Moros y Cristianos.

A los moros se les permitió ejercer libremente su religión y gobernarse por sus propias leyes y autoridades. El príncipe Alfonso salió de Elche no sin dejar guarnecidas las fortalezas, para acudir donde tenía más obligaciones, unas veces Castilla y otras Al-Ándalus -Andalucía-. Dejó el reino de Murcia en manos de su hermano, el infante Manuel, al que cedió las villas y castillos de Elche, Crevillente, Aspe y el valle de Elda.

Una vez que Alfonso fue rey -Alfonso X el sabio- y se encontraba lejos de la frontera, los moros se levantaron en armas en todo el reino de Murcia, incluidos los de Elche, que se unieron a los granadinos y lo intentaron con los de África. Fue tan grave que casi todo lo conseguido por Fernando III estuvo a punto de irse al traste.

Fue entonces cuando Alfonso X pidió ayuda a Jaime I para frenar el levantamiento moro. Jaime I llegó a un acuerdo con los moros más viejos y consiguió la entrega de la ciudad de Elche, también sin derramamiento de sangre.

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