Historia de Elche

Recorrido por la Historia de la ciudad Ilicitana

Elche y los Cartagineses -Historia de Elche-

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Los Cartagineses. Llegamos a la época de los Barca o Barcino. qioemes voemem a Helikê tras la pérdida de Córcega, Cerdeña y Sicilia a manos de los Romanos, enemigos irreconciliables e implacables, con quienes quedan obligados a pagar unos tributos que no pudieron hacer frente, ni pagar a los mercernarios de los ejércitos cartagineses. Se ven, por tanto, a salir en busca de plata y guerreros íberos que colaboren a solucionar estos problemas.

No fue fácil conseguir un acuerdo, pues de formaron dos bandos que tuvieron duros enfrentamientos. Unos alegaban que al denigrante ultraje de la pérdida de sus islas en la ciudad, la base al menos, en medida de las defensas, se añadía la angustia del futuro. ¿Cómo se recuperaría su economía, aquejada de dos profundas heridas?. Se juntaba el humillante pago por la indemnización de guerra impuesta por la amenaza y, sobre todo, el lento deterioro del comercio exterior, a causa de la pérdida de las islas y del acoso a que Roma le sometió en el Mediterráneo Occidental. Los cartagineses, sin armas, sin dinero y temiendo un posible ataque de Roma en cualquier momento.

Aníbal Barca. Cartagineses
Cartagineses - Aníbal Barca

En el Senado los debates son acalorados, se discute tomar las más enérgicas decisiones para frenar una situación tan precaria. La voz de Hannon, el Grande, que grita aconsejando estrechar los lazos con Roma de forma amistosa es contestada por el abucheo de los senadores. ¿Cómo podrá Carthago, limitando con África, remontar?. En estas condiciones jamás podrá recuperar su supremacía comercial. Es entonces cuando aparece Amilcar, indignado por ver el ultraje que está sufriendo su tierra.

Animado por un afán de revancha imparable, se impone con un proyecto que convence rápidamente, incluso a los más excépticos y permite dibujar un futuro repleto de confianza. Quiere conducir una partida de hombres disponibles a España, tierra que ya conocían, ya que las colonias Fenicias y Púnicas estaban establecidas a lo largo de las costas meridionales, haciendo linde con las ciudades griegas. Sin embargo, el interior del país está sin explorar y la conquista de esas regiones aportaría sustanciosas ventajas a Carthago.

Y no solo de nuevas rutas comerciales se trataba, ya que parecían mejores incluso que Sicilia y Cerdeña, también contaba la seguridad. Los pobladores de aquellas regiones tenían fama de de buenos guerreros y gran coraje y, por tanto, ellos constituirían las tropas elegidas para la defensa del territorio cartaginés. Además de todo esto, si la existencia de minas de plata sin explotar son ciertas, Carthago lo tiene todo a favor. No solo le permitiría saldar su deuda con Roma, también le abriría de para en para las puertas de la venganza.

La propuesta de Amilcar Barca es recibida con entusiasmo y llega el día de la gran partida.

Tras los sacrificios rituales ofrecidos a Baal Shamin, Señor de los Cielos, con la llegada del verano, se pronuncian favorablemente. Amilcar vierte el vino de las libaciones y terminan los ritos Sagrados. A continuación, hace una señal a todos los que le rodean para que se retiren y llama a su hijo Hannibal, de 9 años de edad. Le pregunta si le gustaría acompañarle a España -convencido como estaba de que se trataba de un plácido paseo por el campo-. El niño, emocionado, le suplica a su padre que lo lleve con él. Amilcar le conduce al altar y le hace poner las manos sobre la víctima sacrificada. Pronuncia entonces y hace repetir al pequeño en voz solemne su compromiso o juramento a no reconciliarse jamás con los romanos.

El viaje a España y la conquista

Es el año 237 a.C. y los cartagineses parten hacia España. Llegan sin complicaciones a Gades -Cádiz-, donde son recibidos con los brazos abiertos por los pobladores de esa tierra. Los cartagineses plantan su base principal allí y comienzan a someter a las regiones costeras de España, en dirección norte.

Al mismo tiempo, inician la explotación de las minas de plata de Sierra Morena, donde los esclavos trabajan día y noche. Estas minas resultan ser muy ricas, sobrepasando de largo las previsiones iniciales. Lo mismo ocurre con las minas de Tartessos. En el mismo año de la partida hacia España ya estaban enviando ingentes cantidades de plata a Carthago. Esto lleva a los cartagineses a recuperar el optimismo y ven el futuro mucho más despejado que hace un tiempo.

Llegada a Elche

En su estrategia de conquista se encuentran con tribus civilizadas y sociables de las regiones costeras, por lo que Andalucía al completo es ganada para la causa de Carthago. Es así como llegan, por fin, a la rica región de Helikê, donde deciden establecerse, concretamente en Acraleukê, lugar estratégico desde donde puede hacer incursiones al interior.

La orografía de la zona no es cómoda, más bien ruda y las tribus de la zona nada amistosas con los invasores. La principal ciudad era Helikê, así que decide sitiarla. No se sabe a ciencia cierta si Amilcar Barca y su ejército desembarcaron primero en lo que hoy es Alicante, yendo después a Helikê, donde sitiaron la ciudad, dada la resistencia de los íberos, o bien se adentraron por el Alebus y siguió adelante con parte de sus hombres hasta divistar una fortaleza natural, de donde toma nombre Alicante, la capital, que llamó Akra Leuke -peñasco blanco-, lo que hoy es el Castillo de Santa Bárbara. Sea como fuere, allí plantó el campamento, dejando a varios de sus hombres y regresando a la ciudad sitiada para intentar conquistarla.

Elche sitiada

Después de varias jornadas, el reyezuelo Orisso idea una estrategia para deshacerse del enemigo, por lo que presenta ante el general, siempre en son de paz, un plan para facilitarle la entrada en la ciudad amurallada a cambio de que perdone la vida a todos y él pueda gozar de ciertos privilegios. Hay aceptación por parte de Amilcar Barca y cierran el pacto. El general envía unos hombres al cuartel general a informar de los acontecimientos y se prepara para marchar hacia Helikê y, en el momento preciso, estar allí. La sorpresa fue de las que hacen época al presentarse en las puertaas de la ciudad y, en vez de encontrar una alfombra roja a su paso, vio salir los bueyes en estampida con las astas flameantes y carretas ardiendo por las teas y el betún y la paja habían prendido en ellas los íberos, que además, aprovechando el factor sorpresa, atacaron con lanzas, flechas y piedras que tiraban con sus hondas, arte que dominaban con destreza. La confusión generada en un desastre y Amilcar Barca ordenó partir hacia Akra Leukê, pero no viendo otra salida que la huída, partió hacia otro lado llamando mucho la atención, lo que aprovecharon para perseguirlo, lo cual facilitó que los suyos pudieran huir sin ser intercpetados, entre ellos su hijo, Hannibal. Amilcar acabó muriendo en dicha huída, llevado por la corriente de un gran río -Vinalopó-, pero sus hijos, Hannibal y Asdrúbal llegaron a Akra Leukê.

Algunas leyendas cuentan que los soldados cartagineses buscaron el cuerpo de Amilcar Barca, su general, y tras hallarlo después de mucho tiempo, lo incineraron, siguiendo el rito que marcaban sus creencias. Esto sucedió en el año 229 a.C., ocho años después de salir de Carthago.

Asdrúbal, yerno de Amilcar, es elegido general y sucesor del primero. Carthago, tras deliberación por parte de sus senadores, aprueba tal elección, saliendo derrotado Hannón, que se había presentado por el partido aristocrático para sustituir al general caído y contrarrestar la influencia de los Bárcidas.

Elche tomada y destruida

Al recibir el nombramiento oficial, convoca en Asamblea a los jefes de todas las tribus del país y se hace reconocer como rey de ellos. Elige para instalarse un puerto natural protegido, resguardado entre montañas, fundando una gran villa que fortificó y dotó de un templo dedicado a Melgart, dios de la nueva ciudad. Además de un arsenal, una fábrica de moneda y un lujoso palacio real donde se dio la gran vida de monarca.

Arrasó Helikê y se reafirmó en su papel de soberano español casándose en segundas nupcias con la hija de un rey íbero. A la nueva villa la llamó Qart Hadasht, es decir, Cartago, que los romanos rebautizaron llamándola Carthago Nova, a saber, Cartagena.

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