La Gota Fría de 1987 en Elche: Cuando el Cielo se Desbordó sobre la Ciudad
Imagina a un señor caminando tranquilamente por el centro de Elche una tarde de noviembre de 1987, con su polo hombre de entretiempo y sus zapatos nuevos, cuando de repente el cielo se tiñe de negro y comienza a caer agua como si alguien hubiera abierto una compuerta en lo alto.
En cuestión de minutos, las calles se convierten en ríos y la vida cotidiana se paraliza. Este fue el comienzo de una de las gotas frías más devastadoras que ha sufrido la ciudad ilicitana.
¿Qué es exactamente una gota fría o DANA?
La gota fría, también conocida como DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), es un fenómeno meteorológico muy típico del Mediterráneo español, especialmente en otoño. Se produce cuando una bolsa de aire muy frío en las capas altas de la atmósfera se desprende y queda aislada, generando una gran inestabilidad.
Al combinarse con el mar Mediterráneo todavía cálido y la llegada de vientos húmedos del este, se crean tormentas muy intensas y persistentes que descargan cantidades enormes de agua en poco tiempo.
En la provincia de Alicante, y particularmente en la comarca del Vinalopó y la Vega Baja, estos episodios han sido recurrentes a lo largo de la historia. Sin embargo, pocos han dejado una marca tan profunda en la memoria colectiva como el de noviembre de 1987.
El temporal de noviembre de 1987: fechas y evolución
El episodio más intenso se desarrolló principalmente entre el 3 y el 7 de noviembre de 1987, alcanzando su punto álgido los días 4 y 5 de noviembre. Una potente depresión en altura se estancó sobre el sureste peninsular, alimentada por una masa de aire muy húmedo procedente del Mediterráneo.
En la Vega Baja del Segura y zonas limítrofes con Elche, las condiciones fueron extremas: vientos fuertes de levante, cielo muy encapotado y lluvias prácticamente ininterrumpidas durante más de 48 horas. Este patrón meteorológico generó una situación de “estancamiento” que permitió la acumulación de precipitaciones excepcionales.
Precipitaciones registradas: números que impresionan
Aunque los registros pluviométricos de la época no eran tan precisos ni numerosos como hoy, se estima que en amplias zonas de la comarca del Vinalopó y Vega Baja cayeron entre 300 y 500 litros por metro cuadrado en apenas cuatro días. En algunos puntos concretos cercanos a Elche y Orihuela se superaron los 400 mm acumulados.

La intensidad fue especialmente brutal: en varias horas se registraron más de 50-60 mm por hora, lo que se considera lluvia torrencial extrema. Ramblas que normalmente estaban secas se convirtieron en auténticos ríos en cuestión de minutos, con caudales que multiplicaban por decenas los valores habituales.
Imagina a una señora intentando llegar a su casa con sus complementos y vestidos de mujer y su bolso empapados, viendo cómo el agua subía a gran velocidad por las aceras y arrastraba todo lo que encontraba a su paso. Estas imágenes se repitieron en cientos de hogares ilicitanos durante aquellas jornadas.
Daños materiales y humanos en Elche
En la ciudad de Elche, los barrios más afectados fueron San Antón, Palmerales, Carrús, Altabix y algunas zonas del centro histórico. Calles como la avenida del Ferrocarril, Doctor Caro o la zona del río Vinalopó se convirtieron en cauces de agua fangosa que alcanzaba fácilmente el metro de altura.
Los daños fueron muy importantes:
- Viviendas y bajos inundados
- Comercios destruidos o gravemente afectados
- Vehículos arrastrados y siniestrados
- Puentes peatonales y viales colapsados
- Pérdidas agrícolas muy cuantiosas, especialmente en el cultivo de la uva de mesa
En la Vega Baja, cercana a Elche, el río Segura se desbordó en varios puntos, provocando la evacuación de cientos de personas y lamentablemente varias víctimas mortales en la comarca.
En total, en la provincia de Alicante y Murcia se contabilizaron siete fallecidos y más de 1.500 personas evacuadas. Elche, aunque no registró víctimas mortales en su término municipal, sí sufrió un impacto económico y emocional muy profundo.
Respuesta institucional y reconstrucción
El Gobierno central declaró la zona como afectada gravemente por una emergencia de protección civil (lo que hoy sería zona catastrófica) y puso en marcha un plan de ayudas millonario para la reconstrucción.
A partir de entonces se impulsaron importantes obras hidráulicas:
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Acondicionamiento y encauzamiento de varias ramblas (como la rambla de Sant Josep o la de Altabix)
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Refuerzo y elevación de motas en el río Vinalopó
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Mejora del sistema de drenaje urbano en los barrios más vulnerables
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Construcción de nuevos colectores y aliviaderos
Aunque algunas de estas obras han sido cuestionadas en eventos posteriores, lo cierto es que la ciudad quedó mucho mejor preparada para hacer frente a fenómenos similares.
Lecciones aprendidas 38 años después
Hoy, en 2026, cuando recordamos la gota fría de 1987, lo hacemos con una mezcla de respeto y aprendizaje. Aquel episodio sirvió para comprender mejor la peligrosidad de las ramblas, la importancia de no ocupar cauces y la necesidad de contar con sistemas de alerta temprana más eficaces.
Elche, como muchas otras ciudades mediterráneas, ha ido adaptándose a un clima que parece mostrar cada vez más extremos. La memoria de 1987 sigue viva en muchas familias ilicitanas y nos recuerda que, ante la naturaleza, la prevención y el respeto son las mejores defensas.
Aquel noviembre de 1987, Elche aprendió una lección muy dura… pero también demostró, una vez más, su capacidad de resiliencia y superación.
NOTA: Imágenes de Depositphotos




