Nicolás de Bussy, el escultor que dio forma a la Basílica de Santa María en Elche
La Basílica de Santa María en Elche representa uno de los ejemplos más destacados del barroco valenciano y un símbolo indiscutible de la identidad cultural ilicitana.
En el centro de esta magnífica construcción se encuentra la impronta de Nicolás de Bussy, escultor alsaciano cuya maestría transformó la fachada principal del templo en una obra maestra del siglo XVII.
Su llegada a España y su trabajo en Elche marcaron un punto de inflexión en la historia artística de la ciudad. Hoy en día, mientras muchas personas disfrutan del entretenimiento digital a través de casinos online chile, el legado de Bussy nos recuerda el valor perdurable del arte que trasciende generaciones y fronteras.
Nicolás de Bussy no solo esculpió piedra: dio vida a un conjunto escultórico y arquitectónico que sigue cautivando a miles de visitantes cada año. Su biografía, llena de viajes por Europa y una formación excepcional, explica cómo un artista nacido en el Sacro Imperio Romano Germánico terminó dejando su huella más profunda en tierras valencianas.
Biografía de Nicolás de Bussy
Nicolás de Bussy, cuyo nombre completo era Nicolás de Bussy y Mignan, nació en Estrasburgo alrededor de 1640, aunque algunas fuentes apuntan a 1651 como fecha posible. Estrasburgo, ciudad fronteriza con una rica tradición artística y un ambiente de convivencia entre catolicismo y protestantismo, fue el lugar donde comenzó su formación.
Orígenes y formación en Europa
Desde muy joven mostró aptitudes para la escultura y la talla. A los diecisiete años aproximadamente viajó a Roma, donde permaneció varios años perfeccionando su técnica.
En la Ciudad Eterna entró en contacto con el barroco más puro, influenciado especialmente por la figura de Gian Lorenzo Bernini. Allí aprendió el uso de las columnas salomónicas, los efectos de movimiento y la expresividad dramática que caracterizarían su obra posterior.
Tras su etapa romana, Bussy se trasladó a España alrededor de 1660-1662. Se instaló primero en Madrid, donde trabajó en la corte y obtuvo el título de escultor de cámara. Más tarde se estableció en Valencia, ingresando en el gremio de carpinteros y colaborando con artistas locales. En 1674 abrió taller propio en Alicante y en 1676 contrajo matrimonio con Micaela Gómez Martínez.
Etapa de madurez en el Levante español
Entre 1680 y 1684 residió en Elche, periodo durante el cual realizó su contribución más importante: las portadas de la Basílica de Santa María. Posteriormente regresó a Madrid como escultor de cámara de Carlos II y, a partir de 1688, se instaló en Murcia, donde desarrolló una prolífica carrera como escultor e imaginero hasta su fallecimiento.
En Murcia creó importantes pasos procesionales para la Archicofradía de la Sangre, como La Negación (1689), el Cristo de la Sangre (1693), El Pretorio (1695) y El Triunfo de la Cruz (1695). También talló imágenes de santos jesuitas como San Francisco Javier y San Francisco de Borja.
Viudo en 1706, profesó como fraile primero en la Cartuja y después en la Orden de la Merced en Valencia, donde murió en diciembre de ese mismo año. Su trayectoria refleja la movilidad de los artistas barrocos y su capacidad para adaptar estilos extranjeros a los gustos y necesidades locales.
El trabajo de Nicolás de Bussy en la Basílica de Santa María de Elche
La Basílica de Santa María se construyó sobre los restos de templos anteriores: una mezquita convertida al cristianismo en 1265, una iglesia gótica del siglo XIV y un templo renacentista del siglo XVI que sufrió graves daños.

La obra barroca comenzó en 1673 bajo la dirección de Francisco Verde, continuada después por Pedro Quintana. Fue en este contexto cuando Nicolás de Bussy intervino de forma decisiva.
La Portada Mayor (1681-1683)
La Portada Mayor es, sin duda, la obra cumbre de Bussy en Elche. Realizada entre 1681 y 1683, consta de tres cuerpos claramente diferenciados y representa uno de los conjuntos barrocos más ambiciosos del Levante español.
El primer cuerpo presenta un gran arco de medio punto flanqueado por columnas salomónicas pareadas que generan un fuerte efecto de profundidad y movimiento. Sobre el arco se sitúa el grupo escultórico central: la Asunción de la Virgen María, elevada sobre nubes y rodeada de ángeles, mientras dirige su mirada hacia la Trinidad representada en lo alto.
Esta composición no solo es artísticamente espléndida, sino que también tiene un significado litúrgico profundo, ya que prepara al espectador para la representación del Misteri d’Elx, el drama asuncionista que se celebra cada año en la basílica.

El segundo cuerpo muestra una hornacina con la figura de San José con el Niño Jesús, flanqueada por volutas, retropilastras y abundante decoración vegetal. El tercer cuerpo cierra el conjunto con un frontón curvo y elementos ornamentales que refuerzan la sensación de verticalidad y dinamismo.
La portada combina elementos clasicistas con el lenguaje barroco más exuberante: grotescos, pomos frutales, niños-ángeles luchando contra dragones y una profusa decoración floral que cubre prácticamente toda la superficie. Las dimensiones monumentales y la ubicación en la plaza principal hacen que esta fachada sea uno de los hitos visuales más impactantes de la ciudad.
La Portada de San Agatángelo (1680-1682)
Conocida también como Portada de Fauquet, esta puerta lateral fue realizada en 1680 por encargo del cabildo. En ella Bussy esculpió la figura de San Agatángelo, mártir ilicitano, que se sitúa en una hornacina central. La composición es más sobria que la portada mayor, pero igualmente cuidada: pilastras acanaladas, entablamento con ménsulas y una ingeniosa solución para integrar el campanario en el conjunto, simulando que una pilastra se dobla ligeramente para adaptarse a la estructura.
Esta portada demuestra la versatilidad de Bussy, capaz de adaptar su estilo a diferentes escalas y funciones sin perder calidad artística.
Otras contribuciones en la basílica
A Bussy se le atribuyen también algunas tallas interiores, como la imagen de Jesús Nazareno que se venera en la girola y que participa en las procesiones de Semana Santa ilicitana. Asimismo, participó en la decoración de tribunas y otros elementos menores que completan el conjunto barroco del templo.
Influencias y estilo artístico
El estilo de Nicolás de Bussy se caracteriza por una fusión muy personal de diversas corrientes barrocas. De su formación romana heredó el dramatismo berniniano y el uso magistral de las columnas salomónicas. De su origen alsaciano conservó un conocimiento preciso de la anatomía y una expresividad contenida pero poderosa. Y de su contacto con el arte valenciano incorporó la luminosidad mediterránea y la riqueza ornamental típica de la escuela levantina.
En la Basílica de Santa María logró un equilibrio casi perfecto entre monumentalidad arquitectónica y delicadeza escultórica. Sus figuras presentan anatomías correctas, ropajes que caen con naturalidad y rostros llenos de emoción contenida, características que lo distinguen de muchos de sus contemporáneos españoles.
Conclusión
Nicolás de Bussy fue mucho más que un escultor itinerante: fue un puente entre el barroco centroeuropeo e italiano y el barroco español del Levante. Su trabajo en la Basílica de Santa María de Elche constituye su legado más visible y perdurable, una obra que sigue emocionando a quienes la contemplan más de trescientos años después.
En un mundo acelerado donde el entretenimiento digital ocupa gran parte del tiempo libre —desde los casinos online chile hasta otras formas de ocio moderno—, el arte de Bussy nos invita a detenernos, mirar hacia arriba y apreciar la belleza que nace del esfuerzo humano y la fe. Visitar la basílica ilicitana es, en cierto modo, viajar en el tiempo y encontrarse cara a cara con el genio de un escultor que supo transformar piedra en emoción eterna.
NOTA: Imágenes de Depositphotos




