Elche contra el amianto: prevención y seguridad en edificios antiguos

Elche contra el amianto: prevención y seguridad en edificios antiguos

Miles de edificios construidos antes de 2002 en Elche y su entorno contienen materiales con amianto en cubiertas, bajantes y cañerías.

Con el parque inmobiliario envejeciendo y las reformas en aumento, saber cómo actuar ante la sospecha de fibrocemento se ha convertido en una cuestión de salud pública.

Antonio lleva tres meses intentando aprobar la reforma de la cubierta de su bloque en el Pla de Sant Josep. El edificio es de 1978, tiene cinco plantas y una azotea comunitaria cuyas placas onduladas llevan años agrietándose. En la última junta de vecinos, un técnico pronunció la palabra que nadie quería oír: amianto.

A partir de ese momento, lo que iba a ser una simple impermeabilización se convirtió en un proceso con implicaciones legales, sanitarias y económicas que la mayoría de propietarios no sabía ni que existían.

Su caso no es aislado. En Elche, como en buena parte de las ciudades españolas que crecieron al calor del desarrollismo y la expansión urbana de los años sesenta, setenta y ochenta, el amianto fue un material omnipresente.

Barato, resistente al fuego y fácil de instalar, se utilizó en cubiertas de fibrocemento —las conocidas uralitas—, en tuberías, canalones, depósitos de agua e incluso en revestimientos interiores. Su uso no se prohibió en España hasta 2002, lo que significa que cualquier inmueble construido antes de esa fecha podría contenerlo.

Amianto Peligro Elche

Un material que solo es peligroso cuando se altera

Conviene aclarar un punto que a menudo genera confusión: el amianto no es peligroso por el mero hecho de estar presente en un edificio. El riesgo aparece cuando el material se deteriora, se rompe o se manipula sin las precauciones adecuadas. En ese momento, las fibras microscópicas que lo componen se liberan al aire y pueden ser inhaladas. Y ahí es donde empieza el problema.

La exposición prolongada a estas fibras está directamente relacionada con enfermedades respiratorias graves. La asbestosis provoca una fibrosis pulmonar progresiva que reduce la capacidad respiratoria de forma irreversible.

El riesgo de cáncer de pulmón se multiplica en personas que han estado expuestas al amianto, especialmente si además son fumadoras. Y el mesotelioma, un tipo de cáncer que afecta a la pleura o al peritoneo, es casi exclusivo de quienes han tenido contacto con este mineral. Lo más preocupante es que estas patologías pueden tardar entre 15 y 40 años en manifestarse, lo que complica enormemente la trazabilidad del daño.

Por todo ello, la normativa española es tajante: cualquier intervención en materiales que contengan o puedan contener amianto debe realizarse por empresas inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto (RERA) y siguiendo los protocolos del Real Decreto 396/2006, que regula las condiciones de seguridad en este tipo de trabajos.

Elche: mucho parque inmobiliario afectado, poca planificación pública

Quien busque un plan municipal específico para la gestión del amianto en Elche se encontrará con un vacío. A día de hoy, el Ayuntamiento no dispone de un censo público de edificios con materiales de fibrocemento, ni de un programa de inspecciones sistemáticas, ni de una línea de subvenciones destinada a facilitar su retirada.

La situación a nivel provincial es similar: la Diputación de Alicante no ofrece ayudas específicas para desamiantado, y en el ámbito autonómico tampoco existe un plan valenciano articulado para abordar esta cuestión de forma proactiva.

Esto no quiere decir que no haya normativa. La hay, y es exigente. Pero la responsabilidad de actuar recae íntegramente en el propietario o en la comunidad de vecinos.

Es decir: si tu edificio tiene amianto y necesitas retirarlo —por una reforma, por deterioro o por una Inspección Técnica de Edificios (ITE)—, eres tú quien debe buscar una empresa autorizada, tramitar los permisos correspondientes y asumir el coste. La administración, en la práctica, actúa como ventanilla de información, pero rara vez como agente activo en el proceso.

Qué hacer si sospechas que hay amianto en tu edificio

El primer paso es no tocar nada. Parece obvio, pero cada año se detectan intervenciones no autorizadas en las que vecinos o pequeños reformistas manipulan placas de fibrocemento sin ningún tipo de protección, cortándolas, rompiéndolas o tirándolas en contenedores convencionales. Hacerlo no solo es un riesgo grave para la salud: es una infracción que puede acarrear sanciones importantes.

Lo recomendable es contactar con el Ayuntamiento de Elche —a través de las áreas de Urbanismo, Medio Ambiente o Salud Pública (Plaça de Baix, 1 / teléfono 966 658 000)— para confirmar qué licencias o comunicaciones previas son necesarias antes de cualquier actuación.

A continuación, conviene solicitar un informe técnico a un laboratorio acreditado que determine si el material sospechoso contiene efectivamente amianto. Este análisis, que se realiza a partir de una pequeña muestra tomada con precauciones, permite salir de dudas antes de planificar la intervención.

En toda la provincia de Alicante operan empresas especializadas inscritas en el RERA que se encargan de todo el proceso: desde la evaluación inicial hasta la gestión final del residuo en vertederos autorizados. Quienes necesiten información concreta sobre la retirada de amianto en Alicante encontrarán recursos orientativos sobre el procedimiento, los plazos habituales y las medidas de seguridad que deben cumplirse en cada fase.

Cómo trabajan los profesionales: un proceso con protocolo estricto

La retirada de amianto no admite improvisación. Las empresas autorizadas siguen un protocolo que comienza con una evaluación detallada del estado del material y del riesgo de dispersión de fibras. A partir de ahí, se presenta un plan de trabajo ante la autoridad laboral competente, que debe aprobarlo antes de que se inicie cualquier operación.

Durante la intervención, la zona se aísla con confinamientos herméticos y sistemas de presión negativa que impiden que las fibras se dispersen. Los operarios trabajan con equipos de protección individual —buzos desechables, mascarillas con filtros específicos P3 y guantes— y el material retirado se embala en doble bolsa etiquetada antes de ser trasladado a un vertedero autorizado para residuos peligrosos. Todo queda documentado: desde las mediciones ambientales de fibras en el aire hasta los certificados de entrega del residuo en destino final.

Este nivel de exigencia no es burocracia gratuita. Es la diferencia entre una retirada segura y una contaminación que puede afectar a todo un edificio o a un barrio entero. Y aplica en toda la Comunidad Valenciana: tanto en la provincia de Alicante como en los municipios de Valencia, donde las operaciones dedesamiantado Valencia siguen exactamente los mismos estándares de seguridad y gestión de residuos marcados por la normativa estatal.

Las reformas como oportunidad para sanear el parque inmobiliario

Hay un dato que conviene tener presente: buena parte del parque inmobiliario de Elche está alcanzando la edad en la que las rehabilitaciones dejan de ser opcionales. Las ITE obligan a los edificios de más de 50 años a pasar una inspección técnica, y muchas de esas revisiones están sacando a la luz materiales con amianto que hasta entonces habían pasado inadvertidos. Lejos de ser solo un contratiempo, este momento puede ser una oportunidad para abordar el problema de forma definitiva.

Aprovechar una reforma integral para retirar el fibrocemento, sustituir bajantes antiguas o renovar cubiertas permite resolver varias cuestiones de una vez: mejorar la eficiencia energética del edificio, cumplir con la normativa vigente y, sobre todo, eliminar un riesgo sanitario que seguirá ahí mientras nadie lo aborde. Es una inversión, sí, pero también una responsabilidad con quienes viven hoy en esos inmuebles y con quienes lo harán mañana.

Información, prevención y profesionales: las tres claves

El amianto no va a desaparecer solo de los edificios de Elche. Seguirá ahí, en cubiertas y cañerías, hasta que alguien decida actuar. La buena noticia es que el camino para hacerlo de forma segura está bien definido: informarse, recurrir a profesionales autorizados y respetar los protocolos que existen precisamente para que nadie salga perjudicado.

El amianto es un problema heredado, no elegido. Pero la forma de gestionarlo sí es una elección. Y cuanto antes se tome, menos riesgo habrá de que lo que hoy es un material deteriorado acabe convirtiéndose en un problema de salud.

Redacción ESM
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