Historia del Palmeral de Elche
Historia del Palmeral de Elche
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Historia del Palmeral de Elche

El Palmeral de Elche es un paisaje de regadío creado en la España musulmana medieval, vinculado a la fundación de Elche en el siglo XAsí, la aplicación de técnicas conocidas en el mundo árabe permitió el desarrollo de una agricultura de regadío en un entorno con escasos recursos hídricos. El histórico Palmeral, que comprende las plantaciones de palma más antiguas de la localidad y de mayor trascendencia cultural, sobrevivió a la conquista cristiana en el siglo XIII y ha perdurado hasta nuestros días, aunque ha perdido su función agrícola, y su zona, afectada por la expansión urbana, ha sido reducida. Este paisaje cultural, resultado de la transferencia de conocimientos durante la expansión islámica, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2000.

 

El oasis de Al-Andalus

El Palmeral es un agrosistema desarrollado como un oasisUn oasis es el resultado de técnicas tradicionales que se aplicaron en el mundo árabe durante siglos para ayudar al hombre a sobrevivir en un entorno hostil. Así, el hombre puede romper el ciclo árido localmente mediante acciones que aumentan la humedad y la fertilidad del suelo, aprovechando los escasos recursos que existen. La plantación de palmeras datileras, la ordenación de las parcelas y el uso de técnicas precisas para obtener y gestionar el agua son el resultado de un plan bien estudiado, que crea un microclima donde se pueden cultivar cultivos.

Los orígenes de este agrosistema están relacionados con la fundación de la villa islámica de Elche en la segunda mitad del siglo X, durante la era de Al-AndalusEsta zona tiene un suelo árido y un importante déficit hidrológico: las lluvias son escasas e irregulares, como el caudal del río Vinalopó, que acarrea agua salobreAsí, lo que hoy se conoce como el histórico Palmeral, era una gran zona de regadío organizada en las afueras del pueblo islámico en la margen izquierda del río, donde el agua era traída por un complejo sistema de canales desde el río hasta el cultivo.

La ciudad islámica era el centro planificador y organizador de la zona de regadío, y existía un fuerte vínculo entre ellosEl campo proporcionaba alimentos y productos agrícolas para la población y los mercados locales. Además, el sistema de riego atravesaba la localidad condicionando su diseño. Suministraba agua a baños y mercadosAdemás, estos canales favorecieron la puesta en marcha de pequeñas industrias a lo largo del tiempo como las productoras de aceite y jabón, actividades tradicionales en Elche desde la época medieval.

El huerto es la unidad agrícola tradicional del PalmeralEs el lugar donde se desarrollan prácticas intensivas de agricultura de regadíoToda la zona de regadío definida por el grupo de huertos se conoce como huertaEl huerto se compone de elementos estrechamente interrelacionados: la alineación de las palmeras, las parcelas, el sistema de riego y el cultivo asociado. Por lo tanto, las palmeras se plantan en línea según un patrón de cuadrícula, generalmente a lo largo de los canales de riego, delimitando las parcelas. De esta forma, las palmeras forman un muro contra el viento y producen sombra sobre las parcelas, reduciendo la evaporación y generando suelos aptos para el cultivo como plantas forrajeras, cereales (maíz, trigo, cebada, alfalfa) o árboles de tamaño medio. como granadosAdemás de estos elementos, la estructura física tradicional del huerto comprendía algunas construcciones, como casas, muros perimetrales o tanques de agua y caminos.

El diseño planificado de los huertos persigue un uso óptimo de los escasos recursosLa función productiva del sistema agrícola se maximiza por la contigüidad de estas plantaciones de palma y la regularidad espacial de las parcelas, ya que favorecen una distribución más eficiente y controlable del agua de riegoAsí, el Palmeral histórico de Elche se caracterizó por la alta concentración de huertos constituidos en su concepción tradicional en torno a la villa medieval, donde se organizaba una agricultura intensiva de regadío.

La palmera datilera o Phoenix Dactylifera, se caracteriza por su resistencia a la sequía y al agua salobre. Sin embargo, el interés por su cultivo va más allá de la función desarrollada en este microclimaAdemás de producir dátiles, se ha utilizado con fines religiosos: la palma blanca, obtenida tras la aplicación de técnicas tradicionales a la palmera, juega un papel importante en la procesión del Domingo de Ramos en Semana SantaAdemás, aporta materiales como madera y fibras, que se han utilizado como elementos constructivos. También cabe mencionar el alto valor ornamental de esta planta.

 

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Sin duda, la red de acequias y la acertada organización del riego hicieron posible la creación y mantenimiento de este agrosistema. A continuación se abordan las principales características de este histórico sistema de riego.

El sistema de riego

El sistema de riego es fundamental para este agrosistema: una extensa red de canales delimita las áreas de cultivo, dejando su huella en el paisaje. El elemento clave de este sistema es la Acequia Mayor, que cuenta con sucursales. Estos ramales se dividen en canales menores que llevan el agua a las parcelasTambién es destacable cómo se organiza el riego, centrándose en el máximo aprovechamiento de los escasos recursos hídricos.

Tras la conquista cristiana en el siglo XIII, la villa islámica de Elche y su campo fueron ocupados por pobladores cristianos y los musulmanes fueron expulsados ​​a la margen derecha del río VinalopóA partir de ese siglo se evidencia la dualidad del sistema. Por un lado, la Acequia Mayor siguió regando las tierras que antes ocupaban los musulmanes y desde entonces los cristianosPor otro lado, la Acequia de Marchena, que aparentemente era un ramal del canal madre de la Acequia Mayor, irrigaba los cultivos islámicos al otro lado del río.

La primera prueba documental que arroja luz sobre el funcionamiento de este sistema de riego de Al-Andalus es posterior a la conquista. Sin embargo, la forma en que se distribuyó el agua durante la época cristiana parece basarse en el modelo previamente existente en la época musulmana.

La red de acequias

En el diseño histórico de la red de acequias, se puede identificar un tramo de 4 kilómetros como el canal madre de la Acequia MayorLa función principal de este primer tramo es llevar el agua extraída del río Vinalopó hasta las zonas de regadío, por lo que no tiene ramales. Este tramo termina antes de llegar a dos partidores fijos ubicados en el norte de la localidad, donde se divide el caudal. El partidor de Albinella desvía agua para abastecimiento urbano. El partidor de Marchena es el punto de partida de la Acequia de Marchena y desvía el agua hacia la margen derecha del río. Luego, la Acequia Mayor cruza el pueblo y se dirige hacia el sur. En este segundo tramo hay más de 20 ramalesSegún estudios recientes, la Acequia Mayor termina en un partidor ubicado a dos kilómetros al sur de la localidad, que divide el canal principal en dos acequias menores.

A lo largo de la Acequia Mayor se encuentran diversos elementos que favorecen el buen funcionamiento del sistema Entre ellos, los partidores móviles son muy peculiares. Son de madera y piedra y se ubican en las fuentes de los ramos, justo en el punto donde toman el agua de la Acequia MayorDebido a su movilidad, la cantidad de agua transferida se puede controlar.

Además, en el canal principal se construyeron molinos de agua, que se destinaron principalmente a la producción de harinaSu existencia está documentada desde la época paleocristiana (siglo XIV). Sin embargo, probablemente algunos molinos se construyeron en época musulmanaTras algunas reestructuraciones y cambios de actividad, la irrupción de la energía eléctrica los hizo desaparecer en el transcurso del siglo XX.

La gestión del Palmeral

Durante los siglos en los que ha predominado una economía básicamente agraria, los huertos de palmeras han funcionado, gracias a su original concepción y organización, como unidades agrícolas familiares altamente productivas. Sin embargo, como ocurre con cualquier otro espacio económico sujeto a las leyes del mercado, los huertos de palmeras han dado paso a otros usos cuando el valor del suelo ocupado por el cultivo ha superado el valor del rendimiento económico generado por éste.

Esto ha sucedido con cierta frecuencia desde el siglo XVIII en los huertos más próximos a la ciudad, debido a las necesidades de suelo donde construir viviendas y a las dificultades que planteaba la ocupación de otros terrenos, dado el emplazamiento de la ciudad antigua entre el río-rambla Vinalopó y los propios huertos de palmeras. No obstante, esta circunstancia no generó un rechazo en la población hasta principios del siglo XX. En esas fechas se asiste a la patrimonialización del palmeral de Elche, y con ello a la formulación de propuestas para lograr su total conservación, al margen de su rentabilidad agrícola.

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La primera figura de protección del palmeral fue aprobada por el Ministerio de Agricultura de la Segunda República en 1933. Se trataba de un Decreto que prohibía la tala de palmeras vivas y todos aquellos actos que pudieran impedir su normal desarrollo en el término municipal de Elche. A su vez, el Decreto creaba la figura del Patronato, un órgano que debía de encargarse de la gestión del palmeral, que seguía bajo titularidad privada en su mayor parte. Por desgracia este Decreto, que estuvo vigente hasta 1986, tuvo una aplicación mínima —el Patronato no comenzó a funcionar hasta 1982— y su espíritu conservacionista fue transgredido en innumerables ocasiones.

Después de la Guerra Civil y los años de posguerra, periodo en el cual se revitalizó la rentabilidad económica del palmeral debido a la falta de alimentos y a la escasez de materias primas, el suelo ocupado por los huertos, céntrico y barato, comenzó a ser muy apetecido por el capital, dado su enorme potencial de aprovechamiento urbanístico. Por este motivo, el Ayuntamiento de Elche, garante de los intereses privados de la época, se apoyó en un contexto de fuerte crecimiento demográfico y pérdida de rentabilidad de los huertos de palmeras, para facilitar, mediante la aprobación de dos documentos legales, la utilización urbana del palmeral, y atenuar así la firme prohibición del Decreto de 1933. Estos documentos son las «Ordenanzas adicionales a las generales de construcción para regular la edificación en zonas de palmerales», de 1951, y el «Plan Especial de Ordenación de los palmerales de Elche», aprobado en 1972 e incluido en el Plan General de Ordenación Urbana de 1973.

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Con la (buena) intención de dotar a la ciudad de nuevas zonas y espacios verdes, el Ayuntamiento, efectivamente, ha convertido huertos de palmeras en parques y jardines, de los que se ha borrado por completo la identidad agrícola del espacio originario. La cuestión es si sólo manteniendo las palmeras, la «fachada» del huerto, estamos contribuyendo a conservar el patrimonio cultural. Este ha sido el gran dilema desde 1933, los intereses económicos y demográficos por encima de la conservación del Palmeral de Elche. Afortunadamente, la declaración de Patrimonio de la Humanidad está haciendo comprender a la sociedad ilicitana que si la UNESCO ha valorado fundamentalmente las características histórico-culturales de los huertos de palmeras, no se debe intervenir en los mismos borrando o confundiendo esas características con elementos y actuaciones inadecuadas.

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