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Cenando en el Restaurante Vegano "El Embrujo"

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El que esto escribe ha aprovechado estas fiestas para conocer un poco más la cocina Vegana, ese arte culinario casi desconocido para los que, durante toda nuestra vida, hemos sido fervientes aficionados a la carne en todas sus clases. El Restaurante Vegano "El Embrujo" ha sido el sitio elegido para degustar los deliciosos platos preparados por los cocineros Javier y Beatriz, expertos en la materia y cuyas manos y conocimiento del arte Vegano no han hecho sino confirmar que estamos ante una opción muy a tener en cuenta.

En dicho restaurante no hay televisión, ni prensa de ningún tipo, el ambiente es relajado, con una luz tenue y colores oscuros, con música de fondo muy relajante y a un volumen muy bajo, con el que casi pasa desapercibida. La decoración es una mezcla de modernidad y magia medieval, lo que invita a susurrar en voz baja y no elevar el tono, y se evita estar rodeado de gritos y ruido desagradable, tan común en los restaurantes de la geografía española.

Beatriz es la encargada de tomar nota del menú o platos individuales que el cliente desea degustar. En mi caso, decidí probar un menú "diario", con el fin de empezar por lo más básico de su cocina, la cual podemos conocer cualquier día de la semana. Comenzamos por una ensalada, de generoso tamaño y múltiples ingredientes. Uno no es muy fanático de las ensaladas "convencionales", realizadas con algo de lechuga, tomate, olivas, atún, huevo y queso, tan típicas en la zona, así que la primera sorpresa fue observar que era todo vegetal. Cuando me llevé el primer bocado a la boca se confirmó lo que ya intuía: Estaba delicioso, con una mezcla de sabores desconocidos hasta ese momento. Obvia decir que, por vez primera en mi vida, no dejé rastro en el plato y aún hubiera aceptado más.

Al preguntar al cocinero Javier por la receta de la ensalada, me comentó que estaba realizada con vegetales y tres tipos de salsa, lo que le confería ese sabor tan especial. Lo dicho, un plato exquisito que hasta los más acérrimos "carnívoros" encontrarán irresistible.

De segundo hubo tofu con arroz blanco con verduras, acompañado de una salsa de la casa. Como ocurrió con la ensalada, volví a verme sorprendido con el sabor -en este caso, sabores- tan particular y "novedoso". Sorprende que unos platos que, a simple vista, parecen escasos, puedan conseguir esa sensación de saciedad y ausencia de pesadez tan extraordinaria. La comida terminó con un postre vegetal que sabía a ¡chocolate!. Ni que decir tiene que, si desconoces que es vegetal, dirías a ciencia cierta que se trata de un postre convencional. El café con leche de soja puso punto y final a la comida.

Cuando sales por la puerta y en las horas siguientes, no experimentas en ningún momento que has comido de forma opípara ni te sientes cansado y con ganas de echarte a dormir. Tampoco esa sensación de pesadez en tu estómago acompañado de unas ganas irrefrenables de no volver a ver comida hasta la cena. Lo dicho, un sitio muy recomendable para todos aquellos que quieran tener una experiencia gastronómica nueva, desconocida y muy, muy a tener en cuenta.

 

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