02 Dic

Dama de Elche | Dama d´Elx | Historia y Características

DAMA DE ELCHE

Descubrimiento

La Dama de Elche es un busto íbero tallado en piedra caliza que data entre los siglos V y IV a. C. Se descubrió el 4 de agosto de 1897 mientras unos obreros realizaban el desmonte de la ladera sureste de la loma de La Alcudia. Según la leyenda local, Manuel Campello Esclapez, un joven de 14 años, fue su descubridor. Pese a las altas temperaturas del día en cuestión, Manuel Campello siguió excavando, hasta que dio con una piedra maciza al golpear con su pico. No se trataba de cualquier piedra, ya que su colocación le hizo pensar que se trataba de un enterramiento intencionado. Con más cuidado siguió retirando tierra y apareció ante él el busto de la Dama De Elche.

La figura desenterrada llamó de inmediato la atención de los compañaeros que estaban con él, que, acostumbrados a buscar y encontrar piezas arqueológicas de época romana –recordemos que el terreno formaba parte de la antigua Illici Augusta Colonia Iulia– ésta era, sin duda, un hallazgo especial. No se trataba de una moneda cualquiera o una simple pieza de piedra.

Las características de la pieza distaban mucho de ser reconocida como obra romana, lo que despertó rápidamente la curiosidad de los presentes, ya que ninguno sabía a qué época pertenecía ni, y lo más importante, quién era.

Venta a Francia y vuelta a España

Días después de su descubrimiento, un arqueólogo francés que asistía a la representación del Misteri, mostró con entusiasmo su disposición a comprar la Obra para Francia. Después de varias vicisitudes, se acordó el precio en unas 5.200 pesetas de la época. Hay que decir que, a día de hoy, dicha venta hubiera sido declarada ilegal, pero como quiera que el terreno donde se descubrió era privado, se realizó la transacción.

Pasó en el Museo del Louvre 44 años, hasta la ocupación de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Los franceses, para proteger sus obras de arte, retiraron la Dama, que permaneció en el Castillo de Montauban, próximo a Tolouse, lo que se denominó en plena ocupación "Zona libre francesa". Meses después, el gobierno francés intercambió la figura con el gobierno español de la época, a cambio de unos cuadros de Velázquez y El Greco. Esto sucedió el 8 de febrero de 1941.

Todo esto ocurrió por las dos guerras que tuvieron lugar y que condicionaron a los dos países, Francia y España, a saber, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. En la primera de ellas, durante la batalla que tuvo lugar en la Ciudad Universitaria de Madrid, quedaron arrasados los edificios allí existentes, incluyendo la Academia de Francia en España, que también se llamaba "Casa de Velázquez". Cuando concluyó la guerra, el embajador de Francia en España, Philippe Pètain, exigió la reconstrucción de dicho edificio, pero la suspensión de la peseta por parte del Instituto de Control de Cambios impidió acometer la obra. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Pètain pasó a ser Mariscal y Jefe del Gobierno de Vichy en Francia, en plena ocupación nazi y ofreció al gobierno de Franco la devolución de las obras de arte españolas que estaban en Francia. Franco no aceptó alegando que eran botín de guerra y que tendrían que devolverlas. Pero el 21 de diciembre de 1940, acordaron ambos países un intercambio mutuo de obras de arte, entre las que estaba incluida la Dama de Elche, que, dicho sea de paso, era la que interesaba al gobierno español.

Así pues, como hemos mencionado antes, el 8 de febrero de 1941, llegó el tren, con escala en Barcelona, a Madrid, llevando consigo el envío francés, con la Dama de Elche.

Sin embargo, no la llevaron a su lugar de origen, Elche, sino al Museo del Prado, en Madrid, donde estuvo hasta el año 1971. De allí pasó al Museo Arqueológico Nacional, en Madrid también, donde permanece actualmente.

Desde su llegada a España solo dos veces salió del Museo Arqueológico Nacional, la primera fue en 1965, con motivo del séptimo centenario del Misteri d´Elx, en la que se organizó una gran exposición de Arte Ibérico. Fue gracias a Alejandro Ramos Folqués, que llevó a cabo dicha exposición con las mejores piezas descubiertas por él mismo en La Alcudia. La Dama de Elche presidió este evento y, después de 68 años desde su descubrimiento, pasó 19 días en su ciudad de origen. 40 años después de aquel acontecimiento y gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Elche y el Ministerio de Cultura, la Dama volvió al Museo Arqueológico y de Historia de Elche -MAHE- "Alejandro Ramos Folqués". Estuvo expuesta en dicho museo entre el 18 de mayo y 1 de noviembre de 2006.

El lugar donde se descubrió el busto de la Dama es hoy un yacimiento arqueológico donde se han ido descubriendo a lo largo del tiempo numerosas piezas de mucho valor, íberas y romanas, que dan testimonio de aquellas civilizaciones.

Descripción de la Obra

La mujer representada viste una túnica, mantilla sostenida por una peineta, que cae atravesada sobre el pecho. Esta mantilla era rojiza y en ella aún quedan restos de pintura gastados. Sobre la mantilla, un gran manto de tela gruesa y pesante que la cubría. Era de color marrón con un ribete rojo. Los labios conservan también restos de su color rojo. Está hecha de caliza fina de color naranja, y la cara tiene el color original de la piedra. Su altura es de 56 centímetros y su perímetro de hombros y pecho de 115 centímetros. Según los estudios realizados, el busto data del Siglo IV A.C., cuando imperaba la cultura Íbera, mucho antes de la dominación de los romanos. A pesar de eso, la influencia de la cultura griega y la fenicia es evidente.

La Dama lleva unas joyas características de los íberos: Unas ruedas que cubren las orejas y que cuelgan de unas cadenas sujetas a una tira de cuero que le ciñe la frente, collares y coronas con pequeñas cadenas y filigranas. Son reproducciones de joyas que tuvieron su origen en Jonia en el siglo VIII A.C. y que después pasaron a Etruria (Italia). En los últimos análisis se descubrió un pequeño fragmento de pan de oro en uno de los pliegues de la espalda. Esto induce a suponer que las joyas de la escultura estaban recubiertas de pan de oro. También en la espalda se descubrió un orificio que hizo suponer que se trataba de una cavidad para contener ofrendas o cenizas, aunque esto no está ni mucho menos confirmado.

Las facciones de su rostro son finos, aunque muy marcados y, observándola bien, podemos llegar a la conclusión de que la mujer representada era muy bella. Hay un espacio entre las pupilas que evidencia que pudo contener algún tipo de piedras preciosas en su origen. A colación de la figura original, también se puede concluir que estaba realizada en colores vivos, rojo, azul, rosa o amarillo formaban parte del tono de colores primigenios.

La concepción del busto debió, en teoría, responder a un carácter religioso de representación simbólica, cuya difusión se realizó por el mundo mediterráneo, en aquella época con bastante influencia griega. Lo que no sabemos es si fue concebida originalmente como busto o convertida en esto último después, coincidiendo con el inicio de la etapa helenística. Esta teoría está vinculada con la separación de dicho busto de una estatua completa que representa a una mujer sentada en un trono. En cualquier caso, sea un busto en origen o la derivación desde una estatua completa, parece claro que se trata de una expresión que dota a la Dama de Elche de la potestad de traspasar el universo, puesto que la iconografía ibérica y helénica utilizaba imágenes incompletas para diferenciar las divinidades de los humanos.

Sin embargo esto es pura especulación, pues las pruebas de que el corte por la base es limpio, con un único sentido de cortado, parecen evidentes, lo que demuestra que el escultor no trabajó la parte inferior de una estatua completa.

Aunque la indumentaria es, sin duda, autóctona, los rasgos faciales evidencian una fuerte influencia de la cultura griega.

Quién era la Dama de Elche

El busto de la Dama de Elche ha sido objeto de profundos y minuciosos estudios que tenían como objetivo descubrir la identidad de la mujer representada. Hay que decir que resultaba realmente complicado extraer algún tipo de información arqueológica debido al lugar, como hemos dicho anteriormente. Como quiera que la Dama de Elche no es la única figura de similares características encontrada en la Península Ibérica, pues hay otras -la Dama de Baza o la del Cabezo Lucero dan fe de ello-, que permitían extrapolar información de ambas a la encontrada en La Alcudia.

Muchas y variadas teorías hay sobre quién es la Dama de Elche. En los años 50, el diario ABC publicaba un artículo donde decía que se trataba de la Reina Católica. En otro artículo, este de un norteamericano -John F. Moffitt- de la Universidad de Nuevo México, defendía en 1994 que se trataba de una falsificación del siglo XIX. Otro científico, en este caso italiano y hace muy poco tiempo, ha declarado que la Dama de Elche, según minuciosos estudios, es una emperatriz romana. Es decir, cada cual arrima el ascua a su sardina. En definitiva, es muy complicado saber quién era la Dama de Elche, pero sí se pueden sacar algunas conclusiones.

La Dama de Elche no surge por casualidad, no se trata de una figura aislada, tuvo un motivo, un lugar y un momento determinados. Es decir, sin una excusa de tipo religioso o representativo, en el contexto de su tiempo, la Dama jamás habría sido concebida. En primer lugar el lugar, valga la redundancia, una sociedad mediana o completamente desarrollada que puede permitirse económicamente costear el gasto de realizar una obra de representación. Se trataba de la sociedad Ibérica, entre los siglos V y VI A.C. Sin la ayuda de La Alcudia sí podemos extrapolar de otra fuente, el poblado de El Oral, en San Fulgencio, lugar similar al primero. Este muestra una gran influencia de los Fenicios, con una arquitectura y urbanismo bastante complejo para la época y poco común en el Mediterráneo. Sin embargo, a pesar de saber todo esto, no se tienen evidencias de esculturas similares, aunque sí de representaciones religiosas parecidas en épocas posteriores.

Dama de Elche en la Plaza de Congresos

Y a pesar de que la Dama de Elche se relaciona con muchas de las piezas encontradas en el mismo yacimiento, la falta de un contexto preciso impide obtener conclusiones definitivas.

La realidad, por lo menos hasta el día de hoy, es que no se sabe quién fue la Dama de Elche. Durante décadas, desde 1897, se ha especulado mucho y se han agotado todas las palabras, sin llegar a ninguna conclusión fehaciente. Puede que fuera una Sacerdotisa, una Princesa Ibérica, una difunta noble o simplemente una persona normal vestida para una ocasión especial. Sea como fuere, la Dama de Elche ha viajado desde su lugar de origen hasta todos los rincones del mundo, llevando el nombre de Elche.

La Dama de Elche HOY

En los últimos años, diversos partidos políticos autonómicos, como Compromís, han solicitado la vuelta de la Dama de Elche a su lugar de origen. Sin embargo, tanto el PP como el PSOE, mientras han gobernado, han ido negando esta posibilidad, sin aportar argumentación sólida alguna. De hecho, en la última solicitud, el PP votó en contra.

¿Es falsa la Dama de Elche?

Esta pregunta lleva circulando muchos años en los corrillos arqueológicos y no arqueológicos. Dicha polémica la inició el profesor de la Universidad de México, John F. Moffitt, a mediados de la década de los 90 del pasado siglo. Este profesor hizo una lista de «irregularidades» con respecto a la Dama de Elche que, hoy día, siguen sin ser revocadas por el autor, que está a la espera de que le demuestren que es auténtica. Como siempre, en estas cuestiones tan delicadas, se forman dos bandos bien diferenciados, los que defienden la autenticidad y los que sostienen que es falsa. Los argumentos de Moffitt son los siguientes:

  • Circunstancias oscuras del descubrimiento de «La Dama de Elche».
  • Frecuencia de las falsificaciones ibéricas en aquel tiempo.
  • Excelente estado de conservación, altamente sospechoso, de «La Dama de Elche».
  • Carácter «único» y, además, anacrónico de la pieza.
  • Condescendencia a suponerla una imitación de arte griego. No es reparo de fondo, aunque sí de atribución.
  • Exageración de su «carácter ibérico».
  • Se trata de un busto de tamaño natural.
  • Parece ser un retrato y precisamente «muy personal».
  • No es fragmento de una escultura mayor.
  • Falta de antecedente alguno de bustos en la escultura ibera.
  • Esta forma de busto con base cuadrada no se halla tampoco en ninguna de las culturas del Mediterráneo occidental durante el período clásico.
  • En su área de hallazgo, no hay escultura figurativa que se aproxime al tamaño natural.
  • No hay retrato en Híspania hasta la época romana.
  • El cuidado o atención fisonómicos, también ajenos a cultura y época.
  • Si se admitiera excepción a la objeción anterior, no hay sino retratos de héroes y éstos no aparecen hasta Alejandro Magno.
  • Eclecticismo: aspectos ibéricos, púnicos, etruscos, griegos y romanos (= un completo «pastiche»).
  • Los rasgos ibéricos de la Dama aparecen en ilustraciones sobre piezas publicadas antes de 1897. Un eventual falsificador pudo disponer, pues, de abundantes modelos para imitar: contrariamente al parecer, muy enfático, de algunos especialistas.
  • Tales rasgos —¿copiados?— están exagerados o han sido mal comprendidos.
  • Atribución ibérica automática (acrítica) por haber aparecido en La Alcudia.
  • Carácter romano de la mayor parte de dicho yacimiento y particularmente de la estratigrafía donde se produjo el hallazgo.
  • Eclecticismo del supuesto carácter ibérico: pudiera atribuirse incluso a época posmedieval.
  • Nunca se ejecutó en el Mediterráneo occidental una obra comparable. Singularidad absoluta.
  • Acuerdo inexplicable respecto de la sensibilidad estética del tiempo de su hallazgo. Dicho de otro modo, un eventual falsificador trabajó bastante «sobre seguro» en cuanto a la aceptación que pudiera obtener su obra.
  • El «aparato» que sostiene el tocado «barroco» es una invención: no hay precedente.
  • En el lugar del hallazgo, tierra removida y suelta, cuando el resto del campo la presentaba prieta. Datos muy importantes sobre este particula, pues parecen dejar en evidencia que acababa de ser colocada allí la pieza.
  • Sospechosa «oportunidad» del hallazgo, precisamente cuando hubo de producirse la visita del gran especialista francés Fierre París
  • Hallándose la pieza a «cosa de un metro» de la superficie del suelo, en un predio cultivado, ¿es sostenible que nadie, nadie, hubiese acertado a dar un solo golpe de azada en aquel punto durante dos mil años?.
  • Falta de oxidación de la pieza, pese a haber sido tierra regada habitualmente desde tiempo inmemorial.
  • El guerrero mutilado, hallado algo más tarde, a modo de «apoyo» arqueológico a la Dama, por el contrario, más bien confirma el carácter falso de la misma (y es, a su vez, otra falsificación, más clara y no comentada, por cuanto se trata de una pieza sin eco ni relieve algunos).
  • En fin, el argumento arqueológico de la integridad de la pieza (que apenas presenta unos desperfectos mínimos, muy accidentales) se hace más firme, si cabe, cuando se tiene en cuenta que Ilici fue totalmente destruida y todos sus restos aparecen por ello despedazados, como observaba el arqueólogo Ramos Fernández. No sólo es inverosímil hallar una pieza intacta, cuando hubo de ser traída, llevada, tirada, etcétera, puesto que nada en tomo se encontró que aludiera a su prístino emplazamiento; sino que consta que en este lugar precisamente se produjo una destrucción total (de la que se han recogido millares de fragmentos mínimos).

Como puede observarse, una lista de argumentos muy bien explicados que salpican de dudas sobre la autenticidad de nuestra Dama de Elche, pero que también sirven para demostrar lo contrario, es decir, la singularidad de la pieza, lo sorprendente del hallazgo y que se trata de un descubrimiento único, sin ninguna comparación posible.

Sin embargo, hace tres años, investigando sobre el hueco que tiene en la parte posterior la Dama de Elche, se llegó a la conclusión de que se trataba de una urna funeraria. Un equipo de investigación encabezado por María Pilar de Luxán, del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja del CSIC, detectó partículas carbonosas en el interior de la Dama de Elche. En ellas se identificaron fragmentos ricos en fósforo y calcio con proporciones y composición que indicaban su naturaleza ósea. Su comparación con muestras de otras cenizas de huesos humanos procedentes de otro yacimiento cercano y de carácter íbero demostraron esta teoría.

Los investigadores descubrieron que la capa de yeso que cubría el fondo de la cavidad había sufrido un proceso de recristalización a causa del paso del tiempo y los cambios de temperatura y humedad. En esa recristalización, utilizando técnicas de microscopía, se pudieron identificar partículas carbonosas ocluidas en su interior que no eran detectables a simple vista. Entre estas partículas hallaron diversos fragmentos ricos en calcio y fósforo en proporciones variables, que constataban la existencia de cenizas de origen óseo.

Fue precisamente la investigación que sacó a la luz la función del hueco de su parte posterior la que permitió identificar la edad de la escultura: la alta similitud con los restos iberos datados con los que se comparó, situó la fecha de origen de la Dama entre finales del siglo V y principios del IV a.C. Con esta investigación, además, se descartó que la figura fuese anacrónica o una falsificación del siglo XIX, anulando cualquier supuesta teoría sobre el tema. El profesor Moffit, por tanto, puede retractarse cuando le apetezca.

Visto 11915 veces Modificado por última vez en Lunes, 22 Julio 2019 19:57
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